La guerra y el miedo lo justificaban todo.

Para entender quienes fueron los buenos y los malos en la Guerra Civil Española creo que A sangre y fuego sirve como fuente. Fue escrita en plena contienda (1937) por Manuel Chaves Nogales:

Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España.

Un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros.

En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco.

El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado. No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras.

El hombre que encarnará la España superviviente surgirá merced a esa terrible e ininteligente selección de la guerra que hace sucumbir a los mejores.

Sea el que fuere, para imponerse, para subsistir, tendrá, como primera providencia, que renegar del ideal que hoy lo tiene clavado en un parapeto.

Fascista o comunista, probablemente ninguna de las dos cosas, o ambas a la vez, el cómitre que nos hará remar a latigazos hasta salir de esta galerna ha de ser igualmente cruel e inhumano.

Habrá costado a España más de medio millón de muertos. Podía haber sido más barato.

Fragmentos de A sangre y fuego (1937), Manuel Chaves Nogales

Conocí a un viajero de una tierra antigua
quien dijo: «dos enormes piernas pétreas, sin su tronco
se yerguen en el desierto. A su lado, en la arena,
semihundido, yace un rostro hecho pedazos, cuyo ceño

y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
las cuales aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos,
a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó.

Y en el pedestal se leen estas palabras:
«Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!»

Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia
de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas
se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas».

Ozymandias (1818), Percy Bysshe Shelley

No caigamos en la contradicción de su compatriota Martín Lutero, quien, después de haber derribado la teología católica, se puso en seguida, con el refuerzo de excomuniones y anatemas, a fundar una teología protestante.

No nos convirtamos en los jefes de una nueva intolerancia, no nos situemos en apóstoles de una nueva religión, aunque esta religión fuese la religión de la lógica, la religión de la razón.

Fragmentos de una carta de Proudhon a Marx (1846)

En Italia, durante los 30 años de dominación de los Borgia, no hubo más que terror, guerras y matanzas. Pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron 500 años de amor, democracia y paz. ¿Cuál fue el resultado? El reloj de cuco.

Harry Lime (Orson Welles) en El Tercer Hombre (1949)

La Nueva Izquierda se ha desplazado de manera definitiva e irrevocable hacia la representación de los intereses de las élites urbanas progresistas y de las clases creativas cosmopolitas.

Las antiguas clases trabajadoras, agrarias u obreristas, abandonadas por esa Izquierda Patinete, se han vinculado a posiciones más conservadoras en materia de moral, nación o comunidad, tanto si votaban a unos partidos como a otros.

Fragmento de Extremo Centro: El Manifiesto (2021), Pedro Herrero y Jorge San Miguel

[La educación] es una formal traición ordenada por la debilidad contra la fuerza, por la vejez contra la juventud.

Los viejos vienen a decir a los jóvenes: apartaos de los placeres propios de vuestra edad, porque todos son peligrosos y contrarios a las buenas costumbres, y porque nosotros, que hemos gozado de cuanto hemos podido, y que todavía, si pudiésemos, gozaríamos de más, ya no podemos hacerlo debido a los años.

No os debéis cuidar de vivir hoy, sino de ser obedientes, de padecer y de fatigar lo más que podáis, para vivir cuando ya no estéis a tiempo.

La sabiduría y la honestidad mandan que el joven se abstenga lo máximo posible de aprovechar la juventud, salvo para superar a los demás en las fatigas. De vuestro destino y de las cosas importantes dejad que nos ocupemos nosotros, que lo encauzaremos todo en nuestro provecho. Todo lo contrario de esto es lo que cada uno de nosotros hizo a vuestra edad, y volvería a hacerlo si rejuveneciese: pero vosotros fijaos en nuestras palabras, y no en nuestros hechos pasados ni en nuestras intenciones.

El interés de la tranquilidad común, doméstica y pública es contrario a los placeres y a las empresas de los jóvenes; y por ello también la educación buena, o la así llamada, consiste en buena medida en engañar a los alumnos, al objeto de que pospongan su propio interés al de los demás.

Pero, aparte de esto, los viejos tienen naturalmente a destruir, en la medida de sus fuerzas, y a suprimir de la vida humana la juventud, la vista de la cual aborrecen. En todas las épocas la vejez se ha conjurado contra la juventud, porque en todas las épocas ha caracterizado a los hombres la ruindad de condenar y de perseguir en otros los bienes que más anhelarían para sí mismos.

Ahora bien, no deja de ser chocante que entre los educadores, los cuales, más que nadie en el mundo, hacen profesión de buscar el bien del prójimo, haya tantos que busquen privar a sus alumnos del mayor bien de la vida, que es la juventud.

Más chocante es que no haya padre ni madre, ni tampoco preceptor, que sienta remordimiento de conciencia por dar a sus hijos una educación que parte de un principio tan maligno.

Lo cual debería provocar más asombro si no fuese porque desde hace tiempo, debido a otras causas, el procurar la abolición de la juventud se considera una obra meritoria.

Fruto de semejante cultura maléfica, o tendente al provecho del cultivador en detrimento de la planta, es que los alumnos, al vivir como viejos en la edad florida, acaban siendo ridículos e infelices en la vejez, queriendo vivir como jóvenes; o bien, como ocurre más a menudo, que la naturaleza triunfe y que los jóvenes, viviendo como jóvenes no obstante la educación, se rebelen contra lo educadores, quienes, si hubiesen fomentado el uso y el disfrute de sus atributos juveniles, habrían podido gobernarlos, mediante la confianza de los alumnos, que así nunca habrían perdido.

Pensamientos (1845), Giacomo Leopardi

Allí, bajo un cielo sin estrellas, resonaban suspiros, quejas y profundos gemidos.

Maestro, dime lo que estoy oyendo.
Quién es esa gente que parece dominada por el dolor.

Tan miserable suerte está reservada a las tristes almas
de aquellos que vivieron sin merecer alabanzas ni vituperio.

Han acabado mezcladas entre el perverso coro de los ángeles
que no fueron rebeldes ni fieles a Dios,
sino que sólo vivieron para sí mismos.

El Cielo los lanzó de su seno para que no atenuarán su belleza.
El profundo Infierno no quiere recibirlos
por la gloria que podrían dar a los allí caídos.

Pasa de largo, pues no valen nada.

Fragmentos de La Divina Comedia (1307), Dante Alighieri

¿Qué suele hacer usted el día que está libre de servicio?
Nada de particular… cortar el césped.

¿Y si la ley se lo prohibiese?
Contemplaría como crece.

Fahrenheit 451 (1966), Ray Bradbury y François Truffaut

Volvamos a la preeminencia de las armas contra las letras, materia que hasta ahora está por averiguar, según son las razones que cada una de su parte alega.

Y, entre las que he dicho, dicen las letras que sin ellas no se podrían sustentar las armas, porque la guerra también tiene sus leyes y está sujeta a ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son letras y letrados.

A esto responden las armas que las leyes no se podrán sustentar sin ellas, porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de corsarios, y, finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarían sujetos al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra el tiempo que dura y tiene licencia de usar de sus privilegios y de sus fuerzas.

Y es razón averiguada que aquello que más cuesta se estima y debe de estimar en más. Alcanzar alguno a ser eminente en letras le cuesta tiempo, vigilias, hambre, desnudez, vaguidos de cabeza, indigestiones de estómago y otras cosas a éstas adherentes, que en parte ya las tengo referidas; mas llegar uno por sus términos a ser buen soldado le cuesta todo lo que a el estudiante, en tanto mayor grado, que no tiene comparación, porque a cada paso está a pique de perder la vida.

El curioso discurso que hizo don Quijote de las armas y las letras (1605), Cervantes

Es más divertido escuchar los discursos radiofónicos de un dictador que estudiar tratados económicos.

Ludwig von Mises

No hago apología de la realidad, sólo la describo.

Juzgo a la gente según sus principios, no por los míos.

Conversaciones interesantes crean buenos tiempos, los buenos tiempos crean conversaciones insustanciales y las conversaciones insustanciales generan malos tiempos.

Adrian Diaz

Yo vivía como Robinson Crusoe, era un náufrago entre 8 millones de personas, hasta que un día vi pisadas en la arena y la encontré a usted.

El personaje de Jack Lemmon en El Apartamento

Donde hay peligro, crece lo que salva.

Hölderlin

Lo único que me interesa realmente es hablar sobre cosas que desconozco.

Óscar Peyrou

Si Dios no existe, todo está permitido.

Los hermanos Karamazov, Fiodor Dostoievsky

Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.

Lampedusa