«Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse». La poesía es un arma cargada de futuro (1955), Gabriel Celaya

Como veis, no arremete contra quienes ganaron la guerra, le aprisionaron y fusilaron a sus compañeros, sino contra los pusilánimes que carecen de ideales.

Aunque las obras de estos doblasen la extensión de En busca del tiempo perdido, no serían más que un amasijo insustancial de oraciones encuadernadas. Porque cuando algo no tiene un significado trascendente, carece de alma.

Por ello en el Guernica, uno de los cuadros más famosos de la historia, Picasso produjo «un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo», eso sí, a posteriori.

Vendió este cúmulo de figuras deformes como la gran síntesis de los horrores bélicos, debido a que si lo titulaba Escenas de mi vida, no habría alcanzado tal relevancia.

Atendiendo a las investigaciones de José María Juarranz de la Fuente, recogidas en Guernica, la obra maestra desconocida, el pintor malagueño la creó para que acabara de conformar una gran tríada de pinturas españolas, junto a Las Meninas y La familia de Carlos IV. Al estar él representado, como ya había hecho en otras ocasiones, por un toro, pero esta vez situado en el mismo lugar que ocupan Velázquez y Goya en sus respectivos cuadros.

Se encuentra protegiendo a una mujer con rasgos demasiado parecidos a los de otros retratos de Marie-Thérèse Walter, su amante, con la que tuvo una hija que a punto estuvo de fallecer cuando era una recién nacida.

El lienzo, que fue encargado antes del bombardeo, muestra a su derecha los derrumbamientos ocasionados por el terremoto andaluz de 1884, ocurrido durante su infancia. Y no hay ningún avión, ni bomba, que pueda caracterizar la escena como propia de Guernica.

Tiene varios grabados con una composición idéntica, en los que aparece el toro luchando contra una yegua, representación de su exmujer Olga Khokhlova, con quien mantuvo un matrimonio desgraciado.

El guerrero descuartizado en el suelo es su amigo Carles Casagemas. Se suicidó cuando ambos tenían 20 años, tras un desengaño amoroso que algunos biógrafos relacionan con su impotencia sexual, simbolizada en la espada rota que el personaje ha utilizado para mutilarse.

Picasso nunca lo olvidaría. Le dedicó varias pinturas, ya que su arte por lo general fue autobiográfico, no político.

Además, bautizaría a su gran cuadro con el título oficial mucho después de empezarlo, durante una noche de celebración en la que, según se cuenta, se lo enseñó a sus colegas bobós (burgueses bohemios [bourgeoise bohème]). Así consiguió fagocitar un alma, para volverlo perenne.