Consumes pornografía de forma compulsiva, como quien se da un atracón sin tener hambre.

Sabes todos los traumas de personas que lo más cercano a su cara que conoces es su arroba. Pierdes el contacto con ellas cuando una «mala palabra» les supone la suspensión de su cuenta.

Esta semana platinarás otro juego en Steam, lástima que no haya ningún apartado en tu cuenta donde exponer un cuatrimestre sin suspender ninguna asignatura, puede que así lo hubieras conseguido alguna vez.

Estás desmotivado, no encuentras nada que te apasione… ¿Por qué? ¿Quién sabe? Habrá sido que el azar de la genética te confirió un cerebro incapaz de segregar serotonina.