JF: Como puedes pagar el recibo de la luz o no usarla, hay consentimiento. Como puedes pagar el alquiler o no residir en esa vivienda, hay consentimiento. Como puedes pagar impuestos o no vivir en la civilización creada en torno a ese Estado, hay consentimiento.
HM: Según narran las lenguas apócrifas, tras el asesinato de Sócrates por parte de la democracia ateniense, Aristocles, su alumno aventajado, filósofo que será recordado por el canon historiográfico bajo el apodo de «Platón», inició un viaje a lo largo de las distintas civilizaciones que habitaban las costas del mediterráneo.
En cierta ocasión fue a Siracusa, queriendo visitar el Etna, dicen algunos. Allí, Dionisio I el viejo insistió en que deseaba hablar con él. Y así fue. Pero mientras conversaban sobre su modelo de ciudad ideal gobernada por reyes filósofos,
PLATÓN: Lo bueno no es aquello que a ti te convenga, sino lo conformado a partir de la justicia.
DIONISIO I: Tus razones huelen a senilidad.
PLATÓN: Y las tuyas a tiranía.
DIONISIO I: ¿Has venido desde tan lejos para insultar a las normas, a las costumbres y a mí como gobernante de esta ciudad?
PLATÓN: Viene buscando un hombre de bien que quisiera hacer libres a sus ciudadanos, dándoles sabias leyes.
DIONISIO I: Pues, por lo que parece, no vas a encontrarlo.
Lleno de ira, su contertulio dictaminó la venta de Platón como esclavo en el mercado de Egina. Al llegar a la isla, le encadenaron la muñeca izquierda, con unos pesados grilletes, en la plaza donde los mercaderes vendían todo tipo de animales.
Tras hablar durante unas horas con el resto de esclavos, se dirigió a quien pretendía enriquecerse con su venta,
PLATÓN: ¿Con qué derecho os atrevéis a comerciar con nuestra libertad?
MERCADER: Sois libres de marcharos si así lo deseáis. Tomad esa piedra y afiladla hasta que podáis amputaros la mano.
Cuando un opresor te obliga a dañar o abandonar algo que te pertenece, no eres libre, ya que como implicado, no has otorgado tu consentimiento completo.