FE: Sé que tu concepto de estado es malo (y con razón). ¿Pero qué piensas del concepto nación? ¿Lo englobamos en lo mismo o a este sí le das algo más de valor?

HM: Es fácil determinar la materialización del concepto “estado”, al tratarse de un área geográfica controlada por una corporación que dispone del uso predominante de la violencia organizada, cuyas fronteras inician en las zonas donde no consiguió imponerse y ahora están siendo ocupadas por otras comunidades políticas que irán naciendo, aumentando o desapareciendo a través de la conquista. Mientras que el concepto “nación” es mucho más etéreo.

Muchos suelen afirmar que toda estatalización es fruto de una supuesta aspiración unanimista de sus nacionales. Pero para adivinarla es necesario determinar qué individuos o territorios componen ese pueblo [demos] que debería ejercer el poder de decisión [kratía], lo cual siempre será una agregación arbitraria.

A mi parecer, el modo más certero, aunque eso no lo convierte en objetivo, fue propuesto por Stalin en El marxismo y la cuestión nacional, atendiendo a los requisitos de: Población estable, idioma común, territorio definido, unidad económica y tradiciones propias.

Incluso suponiendo que son válidos, sólo podrían emplearse para reivindicar la secesión de pueblos conquistados hace un par de generaciones. Ya que si la invasión se perpetró varios siglos atrás, todos esos caracteres “vernáculos” habrán sido homogeneizados por los “foráneos”.

Bajo esta visión romántica, existirían conquistas inadecuadas que deberán ser corregidas con un plebiscito, junto a otras adecuadas e incuestionables por el mero hecho del transcurrir de los siglos.

Además, en todo caso sería un criterio de máximos: Los imperios son agrupaciones excesivas, por lo que deben dividirse, al estar oprimiendo a distintas naciones. Pero no de mínimos: Si, como situación hipotética, todos los individuos que habitasen una de las zonas limítrofes del estado quisieran crear una comunidad política más pequeña, ¿por qué no deben conformarla? Todos ellos pertenecen a una misma nación, aunque excluyan a parte.

Cuando se esgrime el derecho de autogobierno, no se está hablando de un derecho positivo: El que los gobernantes imponen porque es su voluntad y nadie se lo impide.

Sino de un derecho racional: Preexistente a la constitución del estado y que debe ser reconocido a la nación oprimida.

El problema es que los sujetos de derecho no son los colectivos, al no disponer de conciencia ni intencionalidad, lo son las personas. Y no existe modo de agregar sus preferencias, como demuestra el teorema de la imposibilidad de Arrow, al no ser reducibles a una dicotomía maniquea.

Siendo estos derechos limitados, en primera instancia, por la autopropiedad de cada sujeto: «Tú eres tu cuerpo, ergo tu cuerpo es tuyo». Si te prohíben hacer con él aquello que tú estimes oportuno, siempre que no estés atentando contra un tercero, incurrirán en una ilegitimidad que debería ser impedida.

Una vez comprendemos que nadie está autorizado para imponerse sobre su prójimo, deducimos que ningún grupo tampoco lo está para absorber a quien no desea formar parte de él, por mucho que comparta con ellos su misma lengua, tradición o economía.

Lo que se conoce como “derecho de autodeterminación” es el privilegio que otorga un estado ya existente a otro que pretende constituirse. El derecho racional es el de libre asociación: Todo individuo debe poder asociarse y desasociarse de cualquier grupo.

Las naciones tienen relevancia social, histórica y artística, pero no son condición indispensable para conformar una comunidad política.